El viento entraba por la ventana refrescando esa noche, una de las ultimas del verano, ella estaba echada sobre su cama, relajada, notando el aire en su piel, se encontraba feliz, la vida no le sonreía pero tampoco le daba la espalda, era una de aquellas épocas en que todo pasa con facilidad.
Miraba a través de los ventanales abiertos las hojas de la morera, el viento las mecía, se oía mas bien poco, casi nada, la mayoría de sus convecinos habían abandonado ya sus casas y la tranquilidad había vuelto al barrio.
Su mente navegaba por pensamientos que se entrecruzaban, negro y 4, 8 y azul, 5 y rojo, los números desaparecían y los colores se tornaban números, dejaban de ser tales, eran colores, no era consciente y seguía divagando, el 2 era blanco, “eh....¡espera el dos no es blanco!“ intentó razonar………… segundos mas tarde se preguntaba que le ocurría, alargó la mano hasta el interruptor de la luz y la encendió, se iluminó la habitación, miró hacía las paredes y se relajó, el blanco de las paredes seguía siendo blanco.
Se recostó y observo el despertador, comprobar que la alarma estaba conectada y la hora programada la correcta era un ritual diario que repetía tantas veces como se despertaba durante la noche, sin embargo el ocho de la esfera del reloj no era azul, no estaba la alarma del despertador conectada a las ocho, el numero era negro, estaba conectada a las cuatro de la mañana aunque por otro lado la posición del numero en la esfera no correspondía a las cuatro, era la posición de las ocho pero el numero era el cuatro.
Notó un sudor frío en su cuerpo, en segundos su cuerpo estaba empapado, su mente confusa, los números habían dejado de tener representación mental como figuras o simbolos, eran colores, imaginaba el cuatro y veía el color negro, toda la esfera del reloj estaba compuesta de cuatros, un leve recuerdo de formas diferentes ligadas al concepto de números permanecía todavía en su mente pero a medida que avanzaban los segundos se diluían y solo quedaban los colores.
Apagó la luz y cerró los ojos, volvió a deslizarse sobre su cama con sumo cuidado, el viento refrescó su cuerpo, recobró la tranquilidad de nuevo, su mente estaba ahora en calma, intentaba concentrarse tan solo en el frescor que centímetro a centímetro iba notando en su cuerpo, sus músculos se relajaron, sus manos se abrieron como las del bebe que acaba de saciar su sed, y se durmió ……………………….
Miraba a través de los ventanales abiertos las hojas de la morera, el viento las mecía, se oía mas bien poco, casi nada, la mayoría de sus convecinos habían abandonado ya sus casas y la tranquilidad había vuelto al barrio.
Su mente navegaba por pensamientos que se entrecruzaban, negro y 4, 8 y azul, 5 y rojo, los números desaparecían y los colores se tornaban números, dejaban de ser tales, eran colores, no era consciente y seguía divagando, el 2 era blanco, “eh....¡espera el dos no es blanco!“ intentó razonar………… segundos mas tarde se preguntaba que le ocurría, alargó la mano hasta el interruptor de la luz y la encendió, se iluminó la habitación, miró hacía las paredes y se relajó, el blanco de las paredes seguía siendo blanco.
Se recostó y observo el despertador, comprobar que la alarma estaba conectada y la hora programada la correcta era un ritual diario que repetía tantas veces como se despertaba durante la noche, sin embargo el ocho de la esfera del reloj no era azul, no estaba la alarma del despertador conectada a las ocho, el numero era negro, estaba conectada a las cuatro de la mañana aunque por otro lado la posición del numero en la esfera no correspondía a las cuatro, era la posición de las ocho pero el numero era el cuatro.
Notó un sudor frío en su cuerpo, en segundos su cuerpo estaba empapado, su mente confusa, los números habían dejado de tener representación mental como figuras o simbolos, eran colores, imaginaba el cuatro y veía el color negro, toda la esfera del reloj estaba compuesta de cuatros, un leve recuerdo de formas diferentes ligadas al concepto de números permanecía todavía en su mente pero a medida que avanzaban los segundos se diluían y solo quedaban los colores.
Apagó la luz y cerró los ojos, volvió a deslizarse sobre su cama con sumo cuidado, el viento refrescó su cuerpo, recobró la tranquilidad de nuevo, su mente estaba ahora en calma, intentaba concentrarse tan solo en el frescor que centímetro a centímetro iba notando en su cuerpo, sus músculos se relajaron, sus manos se abrieron como las del bebe que acaba de saciar su sed, y se durmió ……………………….
La realidad no puede ser mirada
si no desde el punto que cada uno ocupa,
fatalmente en el universo
J. Ortega y Gasset